Hoy se conmemora el 207 aniversario del levantamiento del pueblo español contra la invasión de las tropas francesas al mando de Napoleón, en Móstoles, queriendo recordar y honrar, el profundo patriotismo y mayor sacrificio de aquellos héroes que dieron la vida por Dios y la libertad de España, como Jacinto Ruiz y Mendoza, Luis Daoíz , Velarde, Clara del Rey, Domingo Braña y Calbín, Francisco Gallego y Dávila, Manuel Antolín Ferrer, Rafael Canedo, Martín de Ruizcabado… Patriotas españoles, unos caídos en la batalla, otros fusilados por soldados franceses al mando del indeseable Joaquín Murat. (https://es.wikipedia.org/wiki/Cementerio_de_La_Florida)

ODA AL DOS DE MAYO

Oigo, patria, tu aflicción,
y escucho el triste concierto
que forman, tocando a muerto,
la campana y el cañón;
sobre tu invicto pendón
miro flotantes pendones,
y oigo alzarse a otras regiones
en estrofas funerarias,
de la iglesia las plegarias,
y del arte las canciones.

Lloras, porque te insultaron
los que su amor te ofrecieron
¡a ti, a quien siempre temieron
porque tu gloria admiraron;
a ti, por quien se inclinaron
los mundos de zona a zona;
a ti, soberbia matrona
que, libre de extraño yugo,
no has tenido más verdugo
que el peso de tu corona!

Doquiera la mente mía
sus alas rápidas lleva,
allí un sepulcro se eleva
contando tu valentía.
Desde la cumbre bravía
que el sol indio tornasola,
hasta el África, que inmola
sus hijos en torpe guerra,
¡no hay un puñado de tierra
sin una tumba española!

Tembló el orbe a tus legiones,
y de la espantada esfera
sujetaron la carrera
las garras de tus leones.
Nadie humilló tus pendones
ni te arrancó la victoria;
pues de tu gigante gloria
no cabe el rayo fecundo,
ni en los ámbitos del mundo,
ni en el libro de la historia.

Siempre en lucha desigual
cantan tu invicta arrogancia,
Sagunto, Cádiz, Numancia,
Zaragoza y San Marcial.
En tu suelo virginal
no arraigan extraños fueros;
porque, indómitos y fieros,
saben hacer sus vasallos
frenos para sus caballos
con los cetros extranjeros.

Y aún hubo en la tierra un hombre
que osó profanar tu manto.
¡Espacio falta a mi canto
para maldecir su nombre!
Sin que el recuerdo me asombre,
con ansia abriré la historia;
¡presta luz a mi memoria!
y el mundo y la patria, a coro,
oirán el himno sonoro
de tus recuerdos de gloria.

Aquel genio de ambición
que, en su delirio profundo,
cantando guerra, hizo al mundo
sepulcro de su nación,
hirió al ibero león
ansiando a España regir;
y no llegó a percibir,
ebrio de orgullo y poder,
que no puede esclavo ser,
pueblo que sabe morir.

¡Guerra! clamó ante el altar
el sacerdote con ira;
¡guerra! repitió la lira
con indómito cantar:
¡guerra! gritó al despertar
el pueblo que al mundo aterra;
y cuando en hispana tierra
pasos extraños se oyeron,
hasta las tumbas se abrieron
gritando: ¡Venganza y guerra!

La virgen, con patrio ardor,
ansiosa salta del lecho;
el niño bebe en su pecho
odio a muerte al invasor;
la madre mata su amor,
y, cuando calmado está,
grita al hijo que se va:
“¡Pues que la patria lo quiere,
lánzate al combate, y muere:
tu madre te vengará!”

Y suenan patrias canciones
cantando santos deberes;
y van roncas las mujeres
empujando los cañones;
al pie de libres pendones
el grito de patria zumba
y el rudo cañón retumba,
y el vil invasor se aterra,
y al suelo le falta tierra
para cubrir tanta tumba!

¡Mártires de la lealtad,
que del honor al arrullo
fuisteis de la patria orgullo
y honra de la humanidad,
¡en la tumba descansad!
que el valiente pueblo ibero
jura con rostro altanero
que, hasta que España sucumba,
no pisará vuestra tumba
la planta del extranjero!

Bernardo López García

***

DAOÍZ Y VELARDE, HÉROES DEL 2 DE MAYO

En 1807, se firma el Tratado de Fontainebleau por el cual Calos IV acordaba con Napoleón permitir el paso de las tropas francesas por territorio español en su camino hacia Portugal, territorio que pretendían invadir. Pero las intenciones galas eran otras. De los 60.000 soldados que entraron en España, no todos se dirigieron a Portugal, sino que numerosas unidades se  quedaron en España, intentando hacer una “conquista pacífica” de nuestro país, pero lógicamente, los españoles no se quedaron de brazos cruzados.

La gota que colmó el vaso fue la llegada a Madrid del Mariscal Murat con todo su ejército y el intento de sacar del Palacio Real y llevar a Francia, al infante Francisco de Paula, último miembro de la familia real que quedaba en Madrid. El 2 de mayo de 1808, el pueblo de Madrid se levantó  contra el invasor francés. El problema  es que  el ejército español no apoyaba la rebelión. Las órdenes eran contundentes: “Colaborar con los franceses y no participar en los combates”. Pero hubo algunos de ellos que si se situaron al lado de los madrileños: Daoíz y Velarde.

Luis Daoíz era un capitán andaluz de 41 años, que se encontraba al mando del Parque de Artillería de Monteleón, y Velarde, de 29 años, pertenecía al Estado Mayor del Cuerpo de Artillería. Ambos, con los hombres a su mando, apoyaron al pueblo de Madrid que luchaba con palos, piedras y cuchillos contra el imperial ejército de Napoleón. Entre los dos liberaron el Cuartel de Monleón, rindiendo al pequeño destacamento francés que allí había,  y abrieron las puertas para que el pueblo pudiera armarse. Pero los franceses volvieron a la carga con más efectivos y consiguieron que los españoles agotasen sus municiones. Aún así la batalla fue muy dura. Pero Murat, harto ya de que su ejército fuera puesto en evidencia, se lanzó sobre Monteleón con 2000  hombres frente a los 100 españoles que quedaban allí.

Daoíz fue alcanzado por una bayoneta y luego cosido a estocadas y Velarde murió cuando acudía a reforzar una de las entradas del cuartel, tras un disparo a bocajarro de un soldado francés. Fueron derrotados pero la semilla de la lucha por la independencia estaba creciendo.

Fuente: https://tradicionafuegolento.com/?p=2031