La serie de televisión estadounidense “Juego de Tronos” se ha convertido en un fenómeno en el ámbito del cine y la televisión. Millones de personas en todo el mundo están esperando la próxima temporada, sexta de la saga. La serie, que comenzó en 2011, en tan sólo 5 años ha recogido una audiencia impresionante. Sus héroes son más conocidos por el público que muchos políticos reales, y se ha convertido en la fuente de una pluralidad de memes y en parte integral de la cultura de la generación juvenil en todo el mundo. Según The Guardian, en 2014 se había convertido tanto en “el mayor drama” como en el “espectáculo más mencionado” en la televisión. La serie ha recibido numerosos premios y nominaciones, incluyendo 26 premios Emmy Primetime y 86 nominaciones. Su influencia en las mentes y los estados de ánimo de personas de todo el mundo es innegable. Queda por determinar qué tipo de impacto y qué es el fenómeno que estamos tratando.

Una cosa norteamericana

Juego de Tronos es una adaptación de A Song of Ice and Fire, serie de novelas de fantasía de George R. R. Martin. Martin es un típico norteamericano, periodista de formación. En su juventud, evitó el servicio militar obligatorio en el ejército, eligiendo no luchar en Vietnam. Es un fan de los cómics de superhéroes. Es significativo que Martin no recibió una educación histórica o filológica sistemática, a pesar de ser muy erudito, y eso se refleja en “Juego de tronos”. Según el autor, que se inspiró en Accursed Kings de Maurice Druon, el mundo de ficción debe parecerse a los tiempos históricos de la Edad Media europea, pero los héroes, sus motivaciones, y la estructura de las relaciones en el mundo tienen un enfoque típicamente norteamericano, un completo malentendido de lo que fueron la Europa tradicional y la Edad Media europea, y de cuál es la diferencia fundamental entre la Edad Media y el nuevo tiempo de la modernidad.

Dos tipos de fantasía

De hecho, hay dos tendencias en la literatura que por lo general se atribuye al género fantástico. La primera puede ser llamada británica. En ella puede incluirse a J.R.R., Tolkien, C.S. Lewis, Charles Williams, así como a sus predecesores en el siglo XIX, William Morris con sus novelas The Wood Beyond the World y The Well at the World’s End, y el novelista escocés y teólogo George MacDonald. Las características de esta tendencia son: un trabajo cuidadoso con las imágenes históricas y mitológicas; una profunda erudición de los autores, que recibieron una educación clásica; y lo más importante, el rechazo de la ideología de la modernidad con su individualismo, así como con el igualitarismo, el progreso, el industrialismo, el secularismo, y el rechazo de la dimensión espiritual del hombre.

Esta percepción de la modernidad fue muy bien descrita por J.R.R. Tolkien:

    “I will not walk with your progressive apes,

erect and sapient. Before them gapes

the dark abyss to which their progress tends –

if by God’s mercy progress ever ends,”

[“No marcharé con vuestros monos progresistas,

erecto y docto. Ante ellos se abre

el abismo oscuro adonde su progreso tiende,

si por misericordia de Dios el progreso alguna vez acaba,]

Estos autores se rebelan contra el mundo moderno y buscan una alternativa a las formas propias del pasado. Idealizan la Edad Media, y se dan cuenta de que estaba fundada sobre una base fundamentalmente diferente a la de la civilización moderna.

Esta base son los principios de la civilización europea solar masculina apolínea: la jerarquía, la fe, la lealtad, el honor, la familia, la primacía de la ética y la estética sobre los beneficios, el teocentrismo, y el predominio de la relación tradicional entre el hombre y la mujer. Por supuesto, se pueden encontrar una gran cantidad de desviaciones de lo ideal en la Edad Media histórica, pero los autores antes mencionados son los herederos de los autores medievales, en un esfuerzo por describir héroes ideales y situaciones ideales. Al igual que la gente de la Edad Media, eran conscientes o platónicos instintivos, por lo que para ellos el “ideal” es real. Lo que pertenece a la eternidad, lo que se corresponde con el ideal celestial que, de hecho, es realidad, pertenece al Ser y en consecuencia a la eternidad, mientras que las distorsiones terrenales del ideal, el pecado y la apostasía no heredarán la eternidad. C. S. Lewis lo describe en The Last battle, cuando los protagonistas, después de su propia muerte y el día del juicio final de Narnia, revelan que la verdadera Inglaterra también se encuentra en este verdadero mundo celestial de Platón del ser:

“You are now looking at the England within England, the real England just as this is the real Narnia. And in that inner England no good thing is destroyed”

[“Ustedes ahora están mirando a la Inglaterra dentro de Inglaterra, la verdadera Inglaterra tal como está es la verdadera Narnia. Y en el interior de aquella Inglaterra ninguna cosa buena es
destruida”].

La segunda tendencia es más dominante en la fantasía moderna, se le puede llamar norteamericana. Sus pioneros fueron Robert Howard, junto con un número de autores estadounidenses que crearon a mediados del siglo XX grandes cantidades de literatura de baja calidad en el género de espada y brujería. Las características de este enfoque se revelan bien en la personalidad de Howard, así como en su ciclo de novelas sobre Conan el bárbaro: un enfoque en los modelos de la cultura de masas, la combinación de una alta autoestima con la mediocridad del autor, y una mezcla ecléctica de elementos antiguos y modernos. El objetivo de esta literatura es golpear al lector y  estimular el interés comercial. Los autores por lo general comparten todos los mitos de la modernidad como la creencia en el progreso y el industrialismo. La literatura de este tipo es, no una forma de rebelión contra el mundo moderno, sino una forma de ganar dinero. Los autores no recrean la perfecta Edad Media, sino que crean un mundo de ficción en el que actúan bastante modernamente, con motivaciones comprensibles para cualquier norteamericano.

Conan el Bárbaro es un típico norteamericano, en él está casi ausente la dimensión interior, espiritual, y su carácter es la encarnación del culto titánico a la fuerza brutal, no de la apolínea sabiduría divina. Es ambicioso, lucha por dominar, y es casi materialista.

Una parodia de la Edad Media

En otras palabras, en una cáscara fabulosa y fantástica yace una figura que es bastante moderna y que es un hombre norteamericano con su titánico y extremo individualismo, su rebelión y su rechazo de la tradición. Una vaga pero noble nostalgia de tiempos mejores opera con fines de lucro y afirmación de poder, de la inviolabilidad de los principios de la civilización moderna.

La diferencia entre los dos tipos de fantasía es la diferencia fundamental entre las civilizaciones europea y norteamericana. La civilización norteamericana fue creada, como se ha considerado, en un espacio vacío; era un proyecto de laboratorio de la modernidad donde Europa exportó todas sus tendencias anti-tradicionales y anti-europeas. De este modo, Norteamérica no conoce la tradición, y su imitación del sujeto se convierte en una parodia.

Como Julius Evola dijo una vez:

    “Norteamérica… ha creado una ´civilización´ que representa la exacta contradicción de la antigua tradición europea. Ha introducido la religión del pragmatismo y la productividad; ha puesto la búsqueda de beneficios, de gran producción industrial y de logros mecánicos, visibles y cuantitativos, sobre cualquier otro interés. Ha generado una grandeza sin alma de naturaleza puramente tecnológica y colectiva, carente de cualquier trasfondo de trascendencia, luz interior y genuina espiritualidad. Estados Unidos ha construido una sociedad donde el hombre se convierte en mero instrumento de la producción y la productividad material dentro de un conglomerado social conformista.”

Juego de tronos es un ejemplo típico de este tipo de enfoque norteamericano, una cáscara medieval con contenido típicamente moderno. Los valores indicativos de la mayoría de los héroes de la saga incluyen la traición, la codicia, la corrupción, el engaño, una actitud nihilista hacia la religión, como si esto fuera el contenido de principal valor de la sociedad, que al mismo tiempo se caracteriza por la jerarquía y los torneos de justas. Se trata sobre todo de la modernidad, con algunas modificaciones, pero con el fin de tragar por completo el trago amargo de los valores del Occidente moderno, que es endulzado con la adición de un entorno tradicional romántico. Después de todo, el mundo moderno se está convirtiendo en algo aburrido e insoportable.

La talentosa combinación de Eros y Tánatos, muerte y sexo, hace el espectáculo atractivo. Detrás de las escenas, los autores están imponiendo, a través de la cultura pop, una imagen deliberadamente distorsionada de ciertos valores de la Edad Media, que no son propios de la Edad Media, pero que son promovidos en el Occidente moderno a través de un proceso que Patrick Buchanan llama la muerte de Occidente

La ideología de género

Juego de Tronos es la primera serie de masas que tiene el tema de las relaciones sodomitas, las cuales se convierten casi en porno gay al desnudo. La serie demuestra la “naturalidad” de tales contactos y, a través del uso frecuente de dichas imágenes, distorsiona la percepción de la homosexualidad como algo pecaminoso, secreto, y malo.

Es significativo que los personajes homosexuales sean mostrados bajo una luz muy positiva. El príncipe sodomita Renly Baratheon es el candidato más digno para el trono real, pero murió después de negarse a hacer concesiones. Su amante – Loras Tyrell – un caballero sin miedo y sin reproche, es también una figura extremadamente positiva. Oberyn Martell, un bisexual cuyos atributos sexuales también son ampliamente expuestos, es un noble vengador. No hay villanos sodomitas en absoluto.

La serie también rompe el tabú del incesto, demostrando abiertamente y con simpatía la relación incestuosa entre el caballero Jaime Lannister y su hermana gemela Cercei. Varias veces en la película dicen que no pueden elegir a quién aman, la excusa sentimental más común utilizada para la promoción de perversiones diversas.

A su vez, la encarnación de la homofobia pura es un joven tirano, el rey Joffrey Baratheon, un sádico que es odiado por todo el país, así como por los parientes. En la temporada 3 proclama que hará que la homosexualidad sea castigada con la muerte. Por lo tanto, los valores tradicionales y la lucha contra el pecado comienzan a asociarse con la tiranía y la crueldad.

Es innecesario decir que la promiscuidad, impensable en la edad media histórica, es una parte integral del mundo creado por Martin y la imaginación de los creadores de la serie.

El multiculturalismo y los inmigrantes ilegales

El mundo de Juego de Tronos hace hincapié en el multiculturalismo. En Poniente puedes encontrar a un extranjero que tiene una alta posición (por ejemplo, el eunuco Varys). En la región de Essos, que se asemeja al Asia antigua y medieval, la princesa Daenerys Targaryen lucha contra las élites blancas para liberar a los esclavos negros. ¡Las vidas negras importan!, nos dicen los autores de la serie. En el caso de la aprobación de la multiculturalidad, los creadores de la serie van valerosamente mucho más allá del prototipo literario. El pirata Salladhor Saan, que es blanco en las novelas, se convirtió en negro en la serie.

Otra cuestión multicultural es la cantidad de atención que se presta en la serie al tema de la migración. ¿Quiénes son los Wildlings? Inmigrantes. Ellos viven detrás de un muro, una estructura ciclópea que separa la civilización de la barbarie, una encarnación del sueño de Donald Trump. Los residentes de los siete reinos de Poniente no dan la bienvenida a los salvajes, porque los Wildlings se comportan casi como las hordas de inmigrantes que se vierte sobre la Europa moderna: matan, violan, roban, y quieren establecerse en tierras extranjeras. Los soldados de la “Ronda de Noche”, que impiden la entrada de criaturas salvajes e inhumanas, protegen el muro de Poniente también contra ellos.

Así, ¿qué vemos en Juego de Tronos? El carácter positivo de Jon Nieve hace todo lo posible para permitir a los salvajes asentarse detrás del muro, ya que deben ser salvados del peligro horrible, inhumano, casi como Angela Merkel acoge a los refugiados sirios. Por otra parte, lleva a cabo una expedición para transferir parte de los migrantes a la próspera Poniente (como Francisco en Lesbos la semana pasada, ¿tal vez vio la serie junto a Angela Merkel?). Y, por supuesto, los xenófobos que no quieren ver a asesinos, ladrones y caníbales a su lado, no entienden esto. Esta es la razón por la que Jon Nieve es por desgracia asesinado, y su destino (vivo o muerto) se desconoce. Martin pudo haber buscado esto o no, pero en un entorno de fantasía reproducido con un tema muy moderno, se interpreta como políticamente correcto. ¿Cómo puede una persona empática hacia John nieve y los infelices Wildlings, abogar por limitar la inmigración?

Sin Dios, pero con muerte

Sobre el tema de la religión, Juego de Tronos no tiene escrúpulos. Los cultos tradicionales de los viejos dioses de Poniente y los siete son ceremoniales, y sus adherentes no están en guerra unos con otros, tolerancia muy similar a la norteamericana. La serie muestra que todo va bien siempre y cuando la religión sea un asunto privado. Los problemas surgen con la aparición de personas que realmente creen en Dios. El culto al dios del fuego y la resurrección de R’hllor es mostrado como definitivamente negativo. Pero los partidarios de los Hermanos “gorriones”, que realmente tienen fe en los dioses, instigan el terrorismo religioso en la capital de Poniente, ‘Desembarco del Rey’.

En el mundo de Martin no existe una iglesia organizada, no hay lugar para Dios en su sentido cristiano, y no hay lugar para Cristo, que explícita o implícitamente se presenta en las obras de los grandes británicos Lewis y Tolkien. Los dioses de Martin se manifiestan ya sea a través de la presencia panteísta (dioses antiguos), identificados con la naturaleza, o por medio de la fuerza bruta, todo está sujeto a su voluntad. Esta última es la idea típicamente semítica y titánica de la divinidad inherente al judaísmo, el Islam, y en cierto modo a la versión calvinista del protestantismo, abrumada por el misterio cristiano del amor y sacrificio divinos de Dios por el hombre.

Dios como tal, en Juego de Tronos, no existe. Curiosamente, todos los momentos “teológicos” en los libros de Martin son eliminados en la serie de televisión. Su filosofía puede ser expresada mejor con una cita del maestro de esgrima de Arya Stark:

    “Sólo hay un dios y su nombre es la muerte, y sólo hay una cosa que decimos a la muerte: hoy no”.

Esto se asemeja a las palabras del apóstol Pablo:

    “Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos”.

En el mundo de Juego de Tronos los muertos resucitan, pero eso no les da a ellos o a sus seres queridos felicidad o comodidad. Después de todo, la resurrección cristiana es también una transformación del hombre, pero en “Juego de Tronos” no implica que una persona pueda ser otra cosa de lo que es ahora y cambie su naturaleza de manera semejante a Dios.

El mundo de Juego de tronos es un mundo sin Cristo y sin Dios, pero lleno de magia al estilo de la Nueva Era. Del “Dios ha muerto” a “Dios es la muerte”.

¿Nueva Edad Oscura?

La característica distintiva de Juego de tronos es su destacado “realismo”. Esta representación es el resultado de la pérdida de la percepción tradicional de la política como una práctica filosófica y estética en el espíritu de Platón y Aristóteles.

Por supuesto, muchos gobernantes medievales no eran tales filósofos coronados como Justiniano, Federico II, o Alfredo el Grande, pero este entendimiento de la política era peculiar de la Alta Edad Media y la antigüedad, y difería de la modernidad, donde el enfoque maquiavélico anula al clásico. La política de Juego de Tronos no es clasicista, sino maquiavélica. Es cínica y se basa en el principio del auto-interés.

La dimensión política de Juego de tronos es una muy específica. Por un lado, los autores de la serie demuestran fuertemente tendencias antiautoritarias, igualitarias, asociadas principalmente con la línea de Daeyneris Targaryen, una de las heroínas más populares de la serie. Ella tiene derecho al Trono de Hierro de Poniente legítimamente, como representante de una dinastía legítima depuesta por usurpadores. Pero ella declara que no va a ser otro radio en la rueda del “juego de tronos”, sino que “romperá la rueda”. Esto significa que ella está dispuesta a romper el viejo orden jerárquico y sustituirlo por uno más igualitario.

Por otro lado, en la serie hay declaraciones relacionadas con el tema del honor, el orden, la lealtad, pero prácticamente no en lo que respecta a un país (excepto el tema importante de la guardia nocturna), sino a familias específicas.

La conciencia de las masas está acostumbrada a una imagen del mundo donde las grandes familias de los clanes oligárquicos lo controlan todo, al igual que en Juego de Tronos, donde la situación familiar es determinada por su riqueza; este es también un rasgo del mundo moderno y globalista. Es una versión aterradora, posmoderna, de la “nueva Edad Media” que proféticamente fue prometida incluso por Berdyaev: la caída del concepto de Estado-nación, los ejércitos privados, la confrontación entre las casas de Rothschild y Rockefeller y otros amos del mundo. Es un mundo de guerras y conflictos permanentes. Un mundo en el que el único poder es el poder del dinero y la fuerza bruta, no la autoridad espiritual; un mundo sin Dios pero sin racionalidad, con una gran cantidad de sectas, nuevas religiones, creencias en la magia y lo oculto; un mundo dominado por la sexualidad del éxtasis con el objetivo de romper todos los tabúes posibles; un mundo donde entre el hombre y la bestia (de ahí el tema del hombre lobo en Juego de tronos) no hay mucha diferencia. No es sólo el mundo de Juego de Tronos, es nuestro futuro, que se está convirtiendo en realidad. ¡Bienvenido al Juego de tronos!

Gunnar Bjornson

Fuente: https://katehon.com/es/article/juego-de-tronos-y-la-muerte-de-occidente