Viajero incansable. Poliglota. Lector. Conferenciante. Profesor …

FALANGISTA.

Por Manuel Andrino

Ha fallecido nuestro camarada ALBERTO TORRESANO en Palma de Mallorca, ciudad en la que residía desde hace unos años y adonde tuve la oportunidad de estar con el por última vez el pasado mes de agosto, sabiendo, como todos sabíamos, que su tiempo se agotaba. Es más, me decía que … «para estar así». Y a pocas personas como a él me parecía más razonable escucharle decir esas palabras.

No me hubiera perdonado nunca el no haberme podido «despedir» de alguien con quién tanto hemos compartido. Con quién tanto hemos viajado. Quién nos dio la oportunidad de conocer países, gentes, y sobre todo grandes camaradas más allá de las fronteras de nuestra querida ESPAÑA. Nuestros viajes por Francia, por Italia, por Alemania, por Bulgaria, por …  No van a ser ni pueden ser lo mismo. Nos dijo que lo que veíamos por allí entonces, llegaría a mucho no tardar, y por desgracia, a ESPAÑA. Y así ha sido.

Alberto no era el «traductor» de La Falange. Alberto era LA FALANGE, hablando en inglés, en italiano, en francés, en alemán, en … que se yo. No necesitaba traducir a nadie. Era suficientemente representativo, para decir en nombre de los falangistas, nuestra opinión sobre lo que estaba pasando en cualquier parte del mundo. Un mundo que había recorrido varias veces. Verdaderos referentes del patriotismo europeo eran «íntimos» camaradas suyos. Udo Voigth, Yvan Benedetti, Roberto Fiore, P. Giulio Tam, o Jean Marie Le Pen llorarán su muerte y la pérdida irreparable de quién marcó una época y nos hizo conocer mas allá de los Pirineos lo que después, lamentablemente, hemos podido comprobar que iba a suceder en España, y parecíamos no querer verlo.

Actos en París, en Berlín, en Roma, en Predapio, en Sofía, llenos de recuerdos. De incidentes. Con los «guarros» y con la policía, que en eso no cambia nada. A pesar de la diferencia de edad, jamás nos sentimos extraños a su lado. Reía, se cabreaba, gritaba, y estaba el primero en la pancarta, como el más joven y el más lanzado de todos nosotros. Jamás se arredró ni se echó atrás. Había vivido mucho, pero mucho, como para retroceder ante el enemigo.

Divertido y entretenido como pocos, recuerdo como ahora mismo, el cómo le quitaba hierro al asunto cuando estábamos literalmente «rodeados» en París, en un mitin de Jean-Marie Le Pen o de Yvan Benedetti; en Berlín o en Rostok, en una manifestación de 8 horas, literalmente asediados por «unos y por otros». Nada. Ni se inmutaba. Era ejemplo de templanza y serenidad.

Le gustaba la fiesta,  pues claro que sí. Era el primero en tomarse una cerveza o una copa. Aguantaba jornadas interminables sin ningún problema. No me extraña que viéndose como se veía después de una penosa enfermedad, dependiendo de otros, sin poder hacer «lo que le diera la gana», no tuviera demasiadas ganas de seguir.



Sabía que «lo había dado todo» y que poco podía reprocharse ni podían reprocharle, aunque en este país de cainitas ya sabemos. No por esperada, la noticia me ha jodido, nos ha jodido y mucho. Que vaya «rachita» llevamos.

Por eso hay que aprovechar y disfrutar de estos camaradas irrepetibles. Por desgracia, está desapareciendo una generación de falangistas que nos deja huérfanos en el amplio sentido de la palabra. Seguro que hay otros que podrían «sustituirles» pero me da a mi que la mayoría de ellos, como dirían los jóvenes, pasan olímpicamente y van a lo suyo. A mirarse el ombligo. A decirnos a los demás lo que tenemos que hacer, viendo los toros desde la barrera, y permitiéndose el lujo de criticar a los que llevan detenciones, multas, condenas y encarcelamientos, y no precisamente hace cincuenta años, que es cuando algunos de estos «gurús» del falangismo -a los que tanto odiaba Torresano– parecían sentar catedra.

De lo último que me dijo en agosto, fue que siguiéramos dando ejemplo a los que vienen detrás, como ellos hicieron con nosotros. Le dije que no sabía si serían capaces de entender ese «ejemplo» como nosotros SI que hicimos con el suyo y el de otros, tristemente desaparecidos.

Camarada Alberto, en tu lucero, enorme, donde ya estás con los mejores. Porque eras de los mejores, guarda un sitio para nosotros, para los que seguimos creyendo que la Revolución Nacionalsindicalista por la que tanto luchaste y tanto esfuerzo te supuso, vea la luz alguna vez en nuestra querida Patria, en estos momentos de ruina, de caos, de zozobra y no nos permitas eludir el enfrentamiento ante la cobardía generalizada de este pueblo español, antes tan rico en valores ya perdidos.

CAMARADA ALBERTO TORRESANO MINGO

¡¡ PRESENTE !!