Sí, de nuevo me vienen a la cabeza ideas sobre la vida y la muerte. Cada vez que un periodista o algún amigo me hace preguntas, no puede faltar la pregunta de sí tengo miedo a morir.

No es ni por prepotencia ni soberbia, pero estoy seguro que me asusta menos la muerte que a cualquiera que me lo pregunta. La muerte es más difícil de asumir por aquellos que se aferran más a lo material que quienes tenemos certeza de la vida espiritual. El que más esfuerzo pone en adquirir bienes materiales es lógico que más miedo ha de tener en perderlos.

El que se afana por luchar por sus ideales y lo que considera justo, está convencido de la utilidad de su sacrificio y asume con más naturalidad la posible muerte.

No se trata de desprecio a lo material o mundano, o sí , lo que se trata más bien es el considerar la muerte en el combate como el mejor y más sublime fin a la vida de un guerrero.

Un guerrero no tiene por que ser únicamente un militar, cualquier persona en cualquier oficio puede tener una actitud de combate y por tanto espíritu de guerrero. Y no puede haber mejor final a la obra de un guerrero que entregar su vida por aquello que ama, por aquello que defiende o por aquello que sueña. De cualquier forma todos hemos de morir, de eso no se escapa nadie. Por más empeño que pongamos en acaparar bienes o en cuidar y proteger nuestro cuerpo o nuestra vida, todos hemos de acabar partiendo sin más equipaje que nuestras acciones y la memoria que dejemos a los demás.

“¿De que te sirve ganar el mundo sí acabarás en el infierno?”

“Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos”

Frases del evangelio que nos tendría que hacer reflexionar y orientar nuestra vida en busca de lo que de verdad vale la pena. No se trata de que todo el mundo ha de hacerse eremita o soldado, se trata de tener claro en la vida que es lo que es verdaderamente importante, y con San Ignacio, lo verdaderamente importante, el único y verdadero negocio que vale la pena, el fin único y último por lo que vivimos, no es otro que salvar nuestra alma.

Es por ello que todo sacrificio redentor, todo combate legítimo a los ojos de Dios es una vía directa a la salvación. ¿Cómo vamos a tener miedo a morir sabiendo, que sí lo hacemos en estas circunstancias tenemos ganado el cielo?

Los que sí tienen miedo a morir son los que no tienen clara la razón de su existencia, o los que sabiéndola se sienten en mala disposición para recibirla.

Aquí lejos del mundanal ruido, sin distracciones peligrosas para el alma, con los sentidos puestos en la lucha justa contra el terror y el mal, es donde menos podemos temer un fatal desenlace, por mas que tengamos cerca la muerte cada día.

Por el contrario pena me dan, no los cargados de maldad que se ganan a diario el infierno con su trabajo maligno, sino los ignorantes que desconociendo el porqué han nacido, para que viven y que les ocurrirá al morir, se están ganando un futuro incierto y que sólo la misericordia divina conoce.

Dios quiere la salvación de todos, para eso se hizo hombre y entrego su cuerpo con tanto sacrificio mostrando un camino. El camino se ha mostrado, todos pueden salvarse, sólo que han de recorrer éste y no los que lo llevan a perderse. Por habernos hecho libres es la razón que cada cual puede elegir su final, y su vida.

Por tanto, y confiando en la voluntad de Dios nos confiamos a Él, no queriendo nuestra voluntad sino la suya y conocedores que como buen padre que es, sólo puede querer lo mejor para nosotros, nos declaramos listos para entregar nuestra vida en cualquier momento, con el único deseo de estar limpios en ese momento de manchas que nos avergüencen ante la presencia divina.

Aprovecho pues para pedir perdón a cuantos haya ofendido, amigos o enemigos, y para pedir a Dios por todos los perseguidos que sufren el yugo de la tiranía, por el fin del terrorismo y la conversión de los terroristas, así también por los ignorantes que pudiendo conocer y actuar en busca del bien, han caído en las garras del rey de la mentira, dejándose embaucar y colaborando de forma consciente o inconsciente con el mal, y ganando el terrible destino donde será el llanto y rechinar de dientes. Esos sí deben tener miedo a la muerte, como dijera Nuestro Señor, más les hubiese valido no haber nacido.

Simón de Monfort, desde el frente de batalla, en la lucha contra el DAESH.

Fuente: https://www.sindicatotns.es/index.php?option=com_content&view=article&id=535:sobre-la-vida-y-la-muerte-por-sim

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