El incendio de un vehículo cuando circulaba por la localidad de Navalacruz (Ávila) ha ocasionado el mayor incendio, y por lo tanto, el mayor desastre medioambiental producido en dicha provincia castellana, y uno de los más grandes sufridos por España en toda su historia.

Más allá de las ayudas prometidas por este traidorzuelo nombrado y mantenido por golpistas y por terroristas, que responde al nombre de Pedro Sánchez, y de su visita «relámpago» a la zona, los ganaderos, agricultores y resto de ciudadanos que habitan en los pequeños pueblos de la comarca que han sido arrasados literalmente, se encuentran con el problema añadido de la falta de suministro de agua, puesto que los depósitos municipales se encuentran contaminados con la ceniza producida por el incendio y arrastrada por las últimas lluvias habidas en el centro de la península, y sin que los aljibes prometidos por la Diputación de Ávila, dos días después del corte del suministro de agua, sigan sin llegar a quienes lo necesitan.

Sólo la solidaridad de productores de paja y de quienes almacenaban alimento para el ganado y que no se han visto afectados, está permitiendo «salir del paso» a los que han perdido cosechas, alpacas, y cabezas de ganado, en un incendio que bien se pudo intentar controlar en un primer momento, y al que no se le dio la importancia debida hasta por lo menos 24 horas después de su inicio, y en el que de nuevo quedó patente esta estupidez nacional de las «competencias» entre las mil y una administraciones que han desangrado y arruinado España en los últimos cuarenta y tantos años a través del nefasto y corrupto estado de las «autonomías».

 

Nuestros bosques arden por los cuatro costados cada año, agravando la situación de miseria y abandono en que se encuentran quienes se resisten a abandonar sus tierras y sus pueblos, malviviendo de una agricultura y una ganadería olvidadas por los distintos gobiernos, da igual su color político, y más preocupados en subvenciones inútiles a quienes viven de la corrupción y de la cultura de no dar «palo al agua», mientras que cada cuatro años eches una puñetera papeleta en la urna al partido que te «compra» el voto a través del dinero de los demás.

Manuel Andrino, Jefe Nacional de La Falange

 

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