En primer lugar, quisiera agradecerle sinceramente su iniciativa de ayer de ofrecer un homenaje a Víctor Laínez, asesinado a traición y cobardemente por varios miembros del colectivo okupa de la izquierda española.

No voy a perder el tiempo en calificar a la basura cobarde que «presuntamente» lo asesinó. Ese indeseable -Rodrigo Lanzas Huidobro-, hijo de María Huidobro, dirigente de Podemos, y nieto del Almirante Huidobro (amigo y mano derecha del general chileno Pinochet) y que aquí va de anticapitalista aunque su madre y su familia son de las más ricas de Chile; Otro millonario vago e hijo de puta como tantos otros de la izquierda española.

En realidad mi carta es para explicarle porqué su convocatoria acabó como acabó y no a gusto suyo. Y además, para contestarle a sus comentarios posteriores en Twitter.

Verá, cuando uno quiere homenajear a alguien, lo primero y básico es enterarse de quién era ese alguien. Y usted ha dejado bien claro que no lo conocía en absoluto.

En primer lugar, usted dice que todo iba bien hasta que llegaron «unos que se dicen falangistas» y unos «nazis»… Lamento que su cultura política sea tan pobre y escasa como la de Pablo Iglesias (permítame que a éste no le llame señor). No eran «gentes que se dicen falangistas», eran falangistas de verdad, amigos y camaradas de Víctor Laínez, afiliado y militante de FE de las JONS:  Quién tomó la palabra era don Manuel Andrino, jefe nacional de La Falange (FE), partido político del que tengo el honor de haber sido uno de los cinco firmantes de sus estatutos ante notario y de su presentación al registro de partidos políticos hace ya muchos años, y que provenían de FE de las JONS, donde militábamos ya en los años 80 con Víctor Laínez. No se encontraba allí el jefe nacional de FE de las JONS, porque mientras se hacia el homenaje estaba en Zaragoza, dando el pésame en persona a la familia de Víctor, de quiénes es amigo personal. Y cómo es lógico, los amigos y camaradas de una persona acuden con más derecho que nadie a un homenaje por su muerte.

Usted se quejaba que no quería banderas políticas en su homenaje. Y yo le pregunto con qué derecho divino se atribuye usted para prohibir en el homenaje a un falangista muerto y asesinado las banderas por las que el Lucho toda su vida y llevaba con orgullo.

A usted nadie le prohibió hablar. Como todo el mundo puede ver en el vídeo del homenaje que circula por todo internet, se le dice bien claro que puede usted hablar a continuación de don Manuel Andrino. Cosa que usted, muy soberbiamente declina.

Lo de que hablara usted después era para evitar el ridículo que usted se empeñó en hacer.

Primero por tratar de hacer un tibio minuto de silencio a una persona que detestaba los minutos de silencio porque pensaba que «un minuto de silencio es el Padrenuestro de los cobardes», segundo para que después de escuchar quién era Víctor Laínez no pasará usted el soberbio ridículo y maleducado momento de gritar viva el Rey en el homenaje a un falangista defensor de la República Nacionalsindicalista. No pongo aquí lo que Víctor le hubiera contestado a su viva el Rey por no escribir palabrotas ni menciones a su real madre. Además, le explicaría que un nazi y un falangista se parecen tanto como un leninista a uno del PP, pero no es mi tarea dar lecciones de política a quien su soberbia le impide ver su enorme ignorancia política. Lea y aprenda que eso siempre da capacidad de raciocinio y viene muy bien para poder opinar de algo sin quedar por ignorante.

Se me ponen los pelos como escarpias sólo de imaginarme a usted liando la Constitución española en un homenaje a Víctor… Trate de entender si es que puede, que Víctor no fue asesinado por amar la Constitución, la cual detestaba, como yo y como miles de españoles, sino por amar a España: ¡¡¡España!!! Algo muy por encima de constituciones, leyes o ideologías.

Mire, somos muchos los que daríamos la vida gustosos por nuestra Patria. Yo, como Víctor y como muchos otros, también soy falangista, también he sido militar y también luzco con orgullo mi Cristo legionario sobre el pecho, y derramaría con orgullo hasta la última gota de mi sangre por defender la Patria tal y como juré ante su bandera hace ya muchos años, pero desde luego no movería ni un dedo por defender la Constitución, más bien al revés.

Y para colmo, usted dice que ayer los falangistas trataron de apropiarse de la imagen del muerto para hacer política pero ¿Cómo puede usted ser tan hipócrita? Va usted a gritar viva el Rey al homenaje a un republicano, trata de poner en valor los «valores» liberales en el homenaje a un hombre que detestaba el liberalismo y sus falsos y podridos eslóganes políticamente correctos que al le revolvían las tripas y tiene la poca vergüenza de decir que sus camaradas y amigos se tratan de apropiar de su imagen. Hay que ser muy hipócrita o muy estúpido, y desde luego a usted no le tengo por estúpido ni mucho menos.

Son ustedes, esa derecha rancia española la que siempre está tratando de apropiarse de todo aquello que represente a España y manchándola con sus lodos partidista. El patriotismo, entérese, no tiene ideología, es de todos los españoles. Y por favor, no ensucie la memoria de nuestros camaradas caídos con sus discursos liberales. Por desgracia los falangistas ya tenemos mucha experiencia en esto: Nada más fundar el partido a los nuestros los asesinaron por decenas en las calles de España, todos los fundadores de nuestro movimiento también fueron asesinados y fusilados, José Antonio fusilado en Alicante, Ramiro Ledesma fusilado en Aravaca, Julio Ruiz de Alda asesinado a tiros en la prisión provincial de Madrid, Onésimo Redondo asesinado en Lavajos… Nuestros asesinados se cuentan por centenas también en democracia. Este mismo sábado conmemoramos el asesinato a tiros de Juan Ignacio en la puerta de su casa. No venga usted a decirnos que nos apropiamos de los muertos cuando tenemos tantos muertos.

Déjese de sus tibios y cobardes minutos de silencio, a los falangistas, a los militares y a los legionarios y a todo aquel que muere por su Patria se le despide con una oración, con un Padrenuestro a su Cristo legionario de la buena muerte y con un fuerte grito de PRESENTE, para que no quede duda de que sigue en nuestros corazones y con nosotros, porque la muerte no es el final sino el principio de la autentica vida.

Dejen ustedes -los tertulianos zafios de la corrección política y de la apología de la cobardía- de apropiarse de lo que no es suyo, ni nunca lo ha sido.

Me despido, de todas formas, reiterándole mi agradecimiento por su convocatoria de ayer, pero no puedo callarme ante su comportamiento.

Nada más, salvo pedirle que lo medite y rogarle una oración por el alma de Víctor Laínez, a quién sus familiares, camaradas y amigos hoy han arropado en su entierro.

Me despido de usted con un Viva España, pero como un simple viva no me sirve, porque se puede estar viva y corrompida, viva y vilipendiada, prefiero decir Arriba España, como también gritaba Víctor, para indicar que queremos levantarla y mantenerla limpia y justa.

 

Fdo: Juan Carlos Jiménez Pérez , un español.