El sargento Varela es el encargado de las transmisiones de la compañía de esquiadores del capitán Ordás, va a ser uno de los protagonistas de la proeza de los españoles al cruzar el lago Ilmen con temperaturas sobrehumanas, claro que con -32 grados todo deja de funcionar, hasta las radios.

-¡Avisar al sargento Varela, hay que comunicar con la División para dar novedades!

– «A sus órdenes mi capitán, ahora mismo lo buscamos».
– «Mi capitán se presenta el sargento Varela».
-¡Varela comunique con el Cuartel General!
-«Mi capitán la radio no emite, el generador se ha congelado».
– ¡Eso no es inconveniente Varela, vuelva a Samokrazha a por otro generador, usted sabe el camino y en cuanto pueda nos alcanza!
El pobre Varela se quedó sin palabras, no le quedaba otra, Varela se volvió y comenzó a maldecir como un poseso, tenía un largo trayecto para repasar todos sus tacos y palabrotas.
Además tuvo que llevar hacia la orilla norte del lago a los primeros casos de congelación de la compañía.
Varela preparó el generador de repuesto en la isba de la caseta de radio de la compañía y rápidamente emprendió la marcha , el frío era atroz, el viento de una crueldad extrema cortaba la cara como una cuchilla, el sol era un espectador invisible, pues ni siquiera calentaba.

 

El sargento y sus hombres respiraban con dificultad, no perdían un segundo había que reintegrarse en la compañía cuanto antes, en la lejanía vieron un bulto inmóvil en el hielo, al acercarse comprobaron que era un guripa, el hielo había comenzado a cubrirle, al darle la vuelta los guripas comentaron:
– «Es Felipe, de Bilbao, en Possad ganó la Cruz de Hierro».
– «Estaba casado y tenía un chico».
– ¡Ahora está aquí helado!
-¡La guerra es una puta mierda!
El sargento contemplaba la escena apesadumbrado, hacía -53 grados.
-¡Vamos, tenemos que seguir!
A las pocas horas, Varela consiguió alcanzar al capitán Ordás.
– ¡Mi capitán, sin novedad!
El «prusiano», (era el mote del capitán) lo recibió con alegría:
– ¡Qué bien que hayas llegado Varela, de buena ganas te daba un abrazo! pero nos congelaríamos de forma recíproca».
– ¡Ponme con la División!
Era el diez de enero, nueve y media de la noche.
-Muñoz Grandes a Ordás:
«La guarnición de Swad se sostiene valientemente. Es absolutamente necesario socorrerlos. El honor de España y el espíritu de fraternidad de nuestro pueblo con los alemanes lo exigen»
La orden del general no admitía ningún tipo de duda al respecto.
El once de enero a las dos de la mañana:
– Muñoz Grandes a Ordás:
«Sois el orgullo de nuestra raza . Confiad en Dios y atacad como españoles».

Quedaban dos semanas de terribles marchas y combates atroces con las superiores fuerzas soviéticas en una de las mayores gestas de la Segunda Guerra Mundial.