Dos horas antes de acabar el viernes 1 de enero de 1954, en la calle Velázquez, 107 de Madrid, sede de la Dirección General del Benemérito Cuerpo de Caballeros Mutilados de Guerra por la Patria, de la que era su Director General en ese momento, muere el Fundador de La Legión General Don JOSE MILLAN-ASTRAY TERREROS, Coronel Honorario de ese Cuerpo.

Él, que tantas veces nombró la Muerte en sus enardecidas y emocionadas arengas; que tantas veces la buscó sin encontrarla en gloriosos combates y que tan cerca la tuvo en las veces que fue herido; que nos dejó escrito en nuestro Credo: *“La Muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece”*, fue a reunirse con nuestra eterna Novia.

En su tumba, en la necrópolis de Nuestra Señora de la Almudena de Madrid, en una losa de granito con una cruz, puede leerse:

“JOSÉ MILLAN-ASTRAY. CABALLERO LEGIONARIO. POR DIOS Y POR LA PATRIA. 1º ENERO 1954. D.E.P.”

Sin embargo dejó escrito en sus disposiciones testamentarias:

“Tengo dicho siempre, y por escrito, que soy católico, apostólico y romano, y que siempre he procurado seguir el camino del amor a Dios, culto a la Patria, al honor, al valor, a la cortesía, al espíritu de sacrificio, a la caridad, al perdón, al trabajo, y a la libertad con justicia. O sea: El camino de los caballeros.

Como ya tengo dicho, deseo que no haya ningún rito funerario, sino rito legionario. Que me envuelvan en una sábana blanca, con un pequeño crucifijo encima del pecho, y la bandera puede ser la del edificio. Nada de tumultos, nada de luces ni hachones. Encima de la tapa de la caja, que será muy sencilla y lo menos parecida a los vulgares ataúdes –pero que no sea de mucho valor– se pondrá mi gorro legionario y un guante blanco. Se ocultará la hora, se procurará que no se publiquen noticias en la Prensa, ni esquelas. Nadie acompañará más que los citados y los legionarios de mi escolta. No se celebrarán funerales de ninguna clase, dedicándose el dinero que se hubiera de emplear en esto, para los niños del Colegio de San Rafael, y para las niñas del Colegio de Santa Cristina.

Se dará tierra, aislado, en espera de Elvirita, cuando llegue. No se pondrá encima ninguna clase de monumento, sino simplemente un recuadro de piedra de granito, con una pequeña lápida, en la cual esculpirán arriba: Caridad y Perdón. Más abajo: Millán Astray, y debajo: Legionario.*

Instrucciones para caso definitivo. Se han de cumplir terminantemente, a costa de lo que sea.”

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